American Vandal (2018) – Temporada 2

Una reseña de Rober Ortega

El año pasado nos llegó de la mano de Netflix una de las series más inteligentes de los últimos años. Una gamberrada de instituto daba para un falso documental bien estructurado, guionizado y narrado, de tal manera que la ficción se nos escapaba de la cabeza haciéndonos creer que era pura realidad.

Apenas un año después volvía American vandal con una trama muy diferente pero mismo estilo narrativo.

 

SINOPSIS
Esta vez Peter y Sam investigan un nuevo crimen en un colegio católico privado, en concreto, una intoxicación en la cafetería producida por el vertido de unos laxantes en la limonada.

 

Primer capítulo, alerta. No es una alerta de spoiler, sino algo así como “ni se os ocurra comer viendo el primer capítulo”. De hecho seguramente alguien que lea estas líneas habréis visto el tremendo fake que ha estado dando vueltas por redes sociales con el vídeo del primer capítulo con medio instituto yéndose de varetas en cualquier esquina.


Nada cerca de la realidad: tranquilidad, todo es muy ficticio, pero claro, si os pasa como a mí que sin haber visto el tráiler la puse mientras cenábamos en casa, es como un poco mierda-gore de más.

Bueno, pues a lo que iba. La primera temporada, cuya crítica tenéis en nuestro canal de Youtube, trataba de unas pintadas en varios coches, unas pintadas de penes con un estropicio de 100.000 dólares para poder arreglarlo. Aquí cambia el instituto, uno católico, y un nuevo gamberro/a, quien echa laxante en la limonada de la cual va a beber medio insti. Y así comienza todo, con una serie de cagadas monumentales, hablando mal y pronto.

La dinámica no sólo es la misma que en la primera temporada (gamberrada, saber si el culpable es falso culpable o no, investigación…), sino que antes teníamos comedia, el prota nos hacía reir con sus tonterías en cuanto a su forma de ser, pero aquí va más allá de la comedia, donde es abominable, desquiciante, sádico, imperfectamente perfecto y viceversa, y desternillante pero a la vez impatizante su primer episodio. Después se hace seria la temporada, hay que descubrir quién echó laxante, quién metió heces en una piñata, o quién metió mierda en un caramelo que acabó en la boca de un profesor. Todo muy heavy, sí.

La investigación conlleva el mismo método que la temporada primera, y se me ha llegado a hacer un tanto repetitiva. La primera vez era todo muy nuevo, dinámico, original, siguiendo una pauta y un guión tan serio como lógico y talentoso en su empeño en su obsesión con sus reales apariencias. Aquí no puedo menospreciar la temporada puesto que sigue esa misma pauta que he mencionado, muy trabajado todo, cuidando cada mínimo detalle, pero no es lo mismo. Si repites una cosa que en su momento fue original, esa originalidad se pierde por completo, y con el zurullo vengador del colegio St Bernardine ha explotado el globo de caca en toda la cara de los creadores, una pena.

Eso sí, no por ello deja de merecer la pena, sin más desearía que no hubiese una tercera temporada, o que, en caso de haberla, el hábito sea diferente.

 

 

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