Aquaman (2018)

Por Rober Ortega

James Wan, aquel director que nos sorprendió con Saw, nos conquistó con el universo Warren y nos embajonó un poco (a algunos entre los que me incluyo) con Fast & Furious 7, se nos ha metido con Aquaman en un berenjenal del que las divisiones de opiniones no cesan.

Espero no poder evitar ser megafan de Marvel y aborrecer el cine de DC (salvando las distancias con Suicide Squad). Y es que el nuevo spin off de la todopoderosa industria de los cómics, debo admitir que está pasable, pero con muchos matices.

La historia en sí está bien, entretenida, incluso tierna, nos llena la pantalla de fantasía, ciencia ficción, acción, incluso un romance más que predecible. Mis problemas con DC están siempre en sus efectos especiales tan tan coloridos que parecen sacados de pura animación, y en este caso no será por efectos digitales, ya que no debe haber una mísera escena sin chroma, lo cual siempre me tira bastante para atrás este estilo que la DC nos impone desde Batman VS Superman, donde, desde que Christopher Nolan acabase su trilogía de El caballero oscuro, se me cayó el mito de que DC molaba mucho.

Jason Momoa admito que hace un papel muy de su rol, que le viene como anillo al dedo como ya ocurriese con La liga de la justicia, y Amber Heard también está bastante acertada. Nicole Kidman me aburre incluso en cine comercial, y el resto del reparto, entre ellos Willem Dafoe y Dolph Lundgren me han gustado mucho. Patrick Wilson, demasiado chirriante en el papel antagonista. Y, si no lo digo, me corto los dedos: el papel vengativo de Yahya Abdul-Mateen II es demasiado sobrante, un malo de pacotilla hecho a imagen y semejanza de un metraje más largo pero sin un razonamiento acertado de ninguna de las maneras imaginables.

Pero lo peor no estaba en todo lo mencionado; sin duda, esa mezcla de El señor de los anillos, la futurista mirada a Avatar 2 (que será bajo el mar) o incluso la fusión con Transformers: La era de la extinción (por los bichos marinos prehistóricos que parece que se vayan a convertir en submarinos con un poco más de acción). Todo esto, en la supuesta gran batalla final, casi logra que me intente colar a ver otra película, pero un “aguanta, Rober, aguanta” me llevó a soportar ese soporífero final, aún peor lo que venía después, donde sólo faltó un abrazo y todos tan amigos.

Doy por hecho que todo fan de DC no va a estar, ni mucho menos, de acuerdo conmigo con estas líneas. Mis disculpas por ello.

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