Campeones (2018)

Una crítica de Rober Ortega

Tras 4 años de ausencia en el mundo del largometraje, el realizador Javier Fesser vuelve por la puerta grande con una comedia basada en hechos reales que ha hecho las delicias de propios y extraños.

Marco, un entrenador profesional de baloncesto, se encuentra un día, en medio de una crisis personal, entrenando a un equipo compuesto por personas con discapacidad intelectual. Lo que comienza como un problema se acaba convirtiendo en una lección de vida.

Cuando se estrenó en cines, no vi oportuno ver esta cinta, puesto que, así, entre nosotros, no me interesaba lo más mínimo. Hoy estoy orgulloso de que la Academia haya seleccionado Campeones para representar a España en la próxima edición de los Oscar.

Me ha llenado muchísimo, el personaje de Javier Gutiérrez desborda exquisitez natural, con una facilidad descomunal para hacernos reir y llorar a partes iguales. Emociona, y no es la primera vez que Fesser lo consigue, quien ya lo hizo, mismamente con Camino.

El reparto, plagado de chavales con discapacidad, y unido al de gente ya olvidada del mundo de la interpretación, lo cual aplaudo a rabiar, como son los casos de Athenea Mata, descubierta en Al salir de clase, Juan Margallo, que llegó a formar parte del elenco de Barrio Sésamo, o el cameo de Itziar Castro (Pieles).

Divertidísima, con una humanidad enorme, apenas cae en tópicos y sus dos horas de metraje se hacen muy amenos, sin tener una previsibilidad que ya esperaba, en este absoluto homenaje a lo diferente, con un claro mensaje social y una declaración hacia la igualdad entre quienes no son iguales.

De largo, para mí ya es una de las mejores películas españolas de los últimos años; película que ha dado pie al documental Ni distintos, ni diferentes: Campeones, del cual hablaré nada más verlo, puesto que es indudablemente de mi interés.

 

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