El Reino (2018)

Una reseña de Rober Ortega

El próximo 28 de septiembre se estrena en cines El Reino. Yo tuve la oportunidad de verla ayer en el marco de sección oficial del Festival de cine de San Sebastián 2018 junto a mi compañero de OcionexiON, Iker Campo, y os adelanto que ambos salimos fascinados.

El Reino está dirigida por Rodrigo Sorogoyen, quien ya nos impresionó hace apenas un año con Que Dios nos perdone. Esta historia está coescrita por el propio Sorogoyen e Isabel Peña, digamos su socia en los guiones, pues siempre trabajan juntos… y yo que me alegro.

El reparto ya asegura una serie de interpretaciones magistrales, con Antonio de la Torre, Josep María Pou, Nacho Fresneda, Luis Zahera, Ana Wagener y Bárbara Lennie… casi nada.


SINOPSIS

Manuel (Antonio de la Torre), un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción junto a Paco, uno de sus mejores amigos. Mientras los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de las dimensiones del escándalo, el partido cierra filas y únicamente Paco sale indemne. Manuel es expulsado del reino, señalado por la opinión pública y traicionado por los que, hasta hace unas horas, eran sus amigos. Aunque el partido pretende que él cargue con toda la responsabilidad, Manuel no se resigna a caer solo. Con el único apoyo de su mujer y de su hija, y atrapado en una espiral de supervivencia, Manuel se verá obligado a luchar contra una maquinaria de corrupción que lleva años engrasada, y contra un sistema de partidos en el que los reyes caen, pero los reinos continúan.

 

Es imposible e inevitable no pensar en la fuente de inspiración de esta historia, claramente la trama Gürtel y el caso Bárcenas, pero con su propia historia. Nada más empezar la película podríamos tomarlo de dos maneras esa escena inicial: la de una película que bien podría ser una comedia con varios personajes que comen como auténticos cerdos, o la realidad, una escena de terror donde un grupo de políticos corruptos comen a cuenta del contribuyente riéndose de quien paga la comilona. Un comienzo potente, con una música perturbadora; música perturbadora que nos acosa casi toda la película y que consigue la misión de mantenernos en vilo por medio del compositor francés Olivier Arson, con quien Sorogoyen ya trabajó en sus dos anteriores películas, y debo reconocer que da en el clavo de una manera tan magistral que me parece una de las músicas más perfectas y a la vez diferentes que he tenido el placer de escuchar en una película en los últimos años.

Debería mencionar varias escenas; lo que define mejor a una gran película de una sencilla película decente y buena está en ciertos momentos en los que el espectador es capaz de sorprenderse.

Primera escena esencial: Antonio de la Torre mantiene una conversación con el personaje de Luis Zahera donde éste demuestra que con una escena es capaz de hacernos reir como si estuviésemos viendo una comedia de órdago en un drama muy serio y muy frágil como puede ser este tema que trata. La fotografía y la dirección sencillamente hacen una escena magistral, y la interpretación de ambos actores la hacen perfecta en todo su contenido.

Segunda escena esencial: Hay una persecución en coche completamente diferente a lo que hayamos podido ver antes. Lo demás de mis porqués, hay que descubrirlos con la película.

Segunda escena esencial: La entrevista final. La clase magistral de cómo un/a aspirante a actor/actriz debe convertirse en un/a artista perfecto/a. Una batalla de interpretación que nos dejará con un enorme sabor de boca ante lo que acabamos de ver generalizando su contenido pero con un éxtasis final propio de los mejores, y ahora mismo es Rodrigo Sorogoyen el mejor y a juzgar por su pequeña filmografía, podemos tener claro que este chico nos va a dar muchísimas emociones y muy fuertes dentro del panorama cinematográfico español.

No puedo parar de pensar en el espectacular trabajo de Sorogoyen si debo hablar de esta película a pesar de tener ese elenco tan especial, y del director me quedará sólo por comentaros sus planos, dado que Que Dios nos perdone ya nos los atribuía, aquí los exhibe como pocas veces he visto: planos de seguimiento. Estos planos y ese estilo de dirección me tenían un tanto confuso. No sabía si me sentía más acosador o estresado. Al perseguir de esa manera al corrupto, sentía estar acosando a un político corrupto y no podía evitar sonreir por momentos, pero por otro lado me hacía sentir más agobio, más estrés puesto que consigue meternos tanto y tan de cerca en la trama que por momentos llega a horrorizar, lo cual me ha encantado poder tener esa orgía de sentimientos encontrados.

Simplemente y para terminar, decir que el aroma a Goya invade esta película, y no es sensacionalismo, sino que roza lo perfecto. Cada año quedo más contento con lo que las nuevas generaciones están consiguiendo hacer con el cine español, y lo que aún nos queda.

¿Recomendarla? Habréis intuído que con los ojos cerrados.

 

RESEÑA

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