Roma (2018)

Por Rober Ortega

Voy a hablaros de LA película de Alfonso Cuarón. Él la dirige, la escribe, la produce y es codirector de fotografía de la misma. Y está inspirada en la propia infancia del director.

Roma, para evitar confusiones con la capital italiana, hace referencia a un barrio de Ciudad de México, donde trabaja Cleo, la protagonista, interpretada por la actriz de ascendencia misteca Yalitza Aparicio, quien, por cierto, hace una de las actuaciones que serán más recordadas por muchos de nosotros por años.

Junto a Yalitza, Marina de Tavira, actriz mexicana de reconocido prestigio, y 4 niños. Ellos 6 son la base de Roma, una película tan bella como pura, y tan cruda como perfecta.

La vida de Cleo como sirvienta de una familia medianamente acomodada a finales de 1970 forma el eje de esta cinta donde no puedo poner contras, pues el contenido en sí es perfecto, pero sí mencionaré el paneo (cámara moviéndose horizontalmente de izquierda a derecha y viceversa), por momentos, un tanto excesivo en la obra maestra del señor Cuarón. En ella no faltan las primeras desilusiones amorosas de una joven sirvienta, ni quedan exentas las revueltas por las calles mexicanas, momentos duros, abandonos y asesinatos en la que es, quizás, la película de ficción más realista que podremos ver en mucho tiempo.

Y todo esto en un homenaje que Cuarón hace a las mujeres de su vida, a su infancia, a su barrio e incluso a su país, creando una atmósfera que resulte que la dirección artística es tan sorprendente y real que nos lleva a esa época, en un país del que apenas hemos visto nada así jamás en cine (salvo las películas de aquellos años 70), donde el director nos sumerge en el dolor más cruel, en la pérdida, en ese abandono antes mencionado, pero sin perder la emotividad ni la lentitud en contar sin prisas lo que desea y cómo desea narrar la historia de Cleo, de su señora, de los hijos de su jefa, de su compañera y amiga, la chica con quien hace ejercicios, incluso de su novio practicando artes marciales como Dios lo trajo al Mundo. Incluso esto último tiene su belleza, la fotográfica, porque cada plano es un homenaje fotográfico narrado visualmente con suma exquisitez.

Roma, sencillamente, es vida, y Roma al revés es amor.

 

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