El transporte discriminatorio – Opinión

Una opinión de Ricardo Campos Urbaneja.

Es sorprendente como a nuestros políticos, les llenan sus propias palabras y se les ensancha el pecho orgulloso, cuando empiezan a hablar de las maravillas del transporte público que tenemos los guipuzcoanos. Cuando nos han vendido por artículo 33, el uso de una tarjeta verde con foto o sin ella, que es discriminatoria con respecto al funcionamiento del transporte existente en Vizcaya. Muchas personas, entre ellas quien suscribe este escrito, usábamos el BONO MENSUAL del Topo, que nos salía desde Hendaia a Lasarte por 42€ al mes, pudiendo hacer todos los viajes que quisiéramos, subirnos y bajarnos a nuestro antojo e incluso casi residir en sus vagones sin tener que pagar una cuota de alquiler. La verdad, toda una maravilla que hacia justicia para los que tenían la obligación laboral de realizar cada día un mínimo de cuatro viajes, o como era y es mí caso, de unos seis o más desplazamientos dentro de las mañanas o las tardes. Hasta que a un lucido ya hará tiempo atrás se les ocurrió por mediación de una Empresa Privada, el unificar en una misma txartela los distintos transportes públicos existentes, con los posibles transbordos y demás que hicieran los usuarios, proceso de unificación que concluyó de forma inesperada el uno de enero del presente año.

Según mis valoraciones y cálculos, al igual que los realizados por el personal de las distintas estaciones del Topo, la broma nos saldrá por el doble al mes aproximadamente, y eso incluyendo los descuentos vergonzosos que se irán aplicando según el número de viajes que realices en dos tramos lamentables. He apreciado que el único que de verdad se beneficia en cierta medida de esa tarjeta, es el viajero ocasional que abarata el coste normal del billete de diario, pero quiénes más tenemos que usarlo, nos vemos penalizados de forma considerable teniendo que abonar el doble en el mejor de los casos cada vez que nos subamos a un vagón de topo o un autobús. No se ha dicho que el transporte público, debe ser más barato y especialmente para el que lo usa especialmente a menudo y continuamente. Pues dónde se encuentra esa justicia para nosotros, que nos obligan a rascarnos más las carteras e incluso a desgastar en demasía las suelas de los zapatos. ¡Lamentable!

En Vizcaya, aunque también tienen con una tarjeta unificado todo el asunto de los transportes públicos, al menos han tenido la gentileza de añadir en sus tarjetas un microchip, que sirve para que cada usuario escoja el tipo de contrato que se adecue a sus necesidades como viajero según el momento. De tal manera que no tienes las ridículas opciones que se dan en Guipúzcoa, si no que te dan diversas variables incluyendo las principales y unas secundarias, adaptadas a las necesidades de la mayoría de clientes. Lo que al menos permite que cada uno escoja la que mejor se adapte a su situación. Se podrá decir lo que sea de los Vizcaínos – Bilbaínos, pero han evolucionado por encima de Guipúzcoa, en lo que a justicia transportista se debería ofrecer a los ciudadanos.

No dicen que debemos usar menos los coches y más el transporte público, para evitar contaminar el planeta. Pues que empiecen a darse cuenta que con estas medidas y estas tarifas tan desorbitadas, no ayudan para nada a ello. Salvo que el verdadero objetivo sea otro, el cuál prefiero no pensarlo, dado que me daría para otro escrito continuación de este que estoy terminando. Pero pensemos bien en esto, si en otras localidades y provincias de España, e incluso de Europa, han conseguido que sus transportes públicos sean tan asequibles para los bolsillos de sus usuarios, ¡cómo demonios! no se consigue lo mismo aquí.

Piensen en ello queridos lectores, mientras lean estas líneas y cuando se suban a cualquiera de esos medios de transporte, donde algunos de las altas esferas esta sumando al cierre del día, la recaudación conseguida y, analiza el modo de sacarnos más dinero, subiendo un céntimo a cada viaje que hagamos. Un céntimo que nos parecerá muy poco, pero si los sumamos todos, al cabo de un año es mucha pasta y, si reunimos el de todos los viajeros, la suma es impronunciable. Pero no nos queda otra, que subirnos para poder ir a trabajar, para desplazarnos por ocio e incluso para cargar con las compras, dado que no disponemos de vehículo propio. ¡Vergonzoso y lamentable!

Nuestro transporte público, es la gallina de los huevos de oro de ciertas personas, y nosotros, somos las gallinas que ponemos el dorado de nuestra economía que hace agua cada día que viajamos.

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