Me encuentro ante una persona que es todo un profesional reconocible por su carismática voz a través de las ondas de radio y que desde este año, nos presenta con su estilo ameno y entrañable, El concierto de año nuevo por TVE en sustitución del inigualable y tan querido José Luis Pérez de Arteaga.  Los que hayan tenido el honor de escucharle este año durante la retransmisión del Concierto o si tienen costumbre de sintonizar la emisora de Radio Clásica de lunes a viernes a eso de las 08:00, sabrán que les estoy hablando de Martín Llade. Para los que no lo sepan es un Donostiarra de 42 años, padre de familia y quienes tenemos el gusto de conocerle, sabemos que antes de terminar el año se viene desde Madrid a Renteria para celebrar las navidades con sus padres y de paso reencontrarse con sus amigos y con los seguidores de sus programas, lo cual siempre es de agradecer dado que durante ese tiempo nos enriquecemos de una persona excelente, de amena conversación, que además tiene esa nobleza tan típica de los buenos vascos.

 

Antes de nada, quiero agradecerte esta atención tan especial que has tenido para responderme a una pocas preguntas que espero sirvan para darte más a conocer, por los medios en los que colaboro. Lo primero que quisiera preguntarte viendo que eres un poco más joven que yo, es de ¿cuándo comenzaste a sentir tal afición melómana por la música clásica y por la zarzuela?

– Lo de la música clásica empezó hacia los catorce o quince años. Recuerdo que con motivo del bicentenario de la muerte de Mozart, en 1991, adquirí algunas casettes que venían en revistas, una de ellas con el Réquiem. Pero la “caída del caballo camino a Damasco” fue cuando vi el film Calígula de Tinto Brass a los dieciséis años, edad a la que se supone que no debía verla aún. Estaba fascinado por entonces con la Antigua Roma y la dinastía Julia-Claudia y acababa de devorarme la serie y el libro de Yo, Claudio. Pues bien, la banda sonora del film estaba integrada por fragmentos de Romeo y Julieta y Cenicienta de Prokofiev y Espartaco de Khachaturian. ¡Quedé fascinado y busqué aquellas músicas que escuché durante meses muchas veces al día! Me interesé por esos dos autores y a partir de Prokofiev me fue entrando toda su obra: Alexander Nevski, Teniente Kijé, Iván el terrible, las sinfonías y los conciertos. De Prokofiev pasé a Tchaikovski y ya no pude parar, hasta hoy.

 

Estudiaste periodismo y publicidad, y dentro de tu faceta periodista terminaste trabajando en diversas radios como Euskal Telebista, Punto Radio y desde hace unos 12 años, en Radio Clásica. ¿Cómo fue aquella primera experiencia en una emisora de tal difusión y en qué programa comenzaste a saber que habías alcanzado uno de tus sueños?

– Pues era algo increíble. Comencé como colaborador, el verano de 2006, con un programa de transcripciones titulado La música revisitada. La víspera de grabar mi primer programa soñaba que estaba ante el micrófono y no me salía la voz. Ya había hecho radio antes, pero todo esto me infundía un respeto casi religioso. El verano siguiente, en 2007, me llamaron para volver a hacer este programa y ya me quedé, puesto que coincidió con la prejubilación, mediante ERE, del 80% de la plantilla de Radio Clásica.

 

A través de un amigo común, Javier Gil que es un escritor y dramaturgo de Irún. He sabido que has hecho en tus tiempos jóvenes, algo de teatro. ¿Cuánto duro aquélla experiencia y qué aprendiste de esos años de arte dramático?

– Sí, fue teatro leído. La obra Rosa del jardín prohibido. Hicimos varias lecturas, entre ellas una en el Teatro Arriaga. Nunca me he considerado actor, la verdad. La narración es lo que me atrae. De esa obra tengo un recuerdo bien extraño. Mi compañero en escena era el actor Jon Ezkurdia, quien saltó a la fama hace algunos años de forma macabra: por asesinar a su marido, el actor Koldo Losada. Me resulta sobrecogedor haber compartido escenario con alguien que luego fue capaz de hacer aquello.

Escuchando tu programa de Sinfonía de la mañana, he sabido que estuviste en el Coro Easo de San Sebastián. ¿A qué edad empezaste a interesarte por desarrollar esa faceta artística vocal y quién fue el que inspiró, tu afición por convertirte en tenor o barítono? y ¿Cuándo te diste cuenta, de que lo tuyo se encaminaba por otros derroteros culturales?

– Empecé a los doce años, en una convocatoria de mi colegio, La Salle de San Sebastián, para fundar una filial infantil del Coro Easo (posteriormente rebautizada como Escolanía Easo). Debutamos en el Teatro Victoria Eugenia, hicimos varios conciertos, entre ellos uno en honor de José Miguel Barandiarán, el famoso antropólogo vasco, y grabamos un disco. Luego me cambió la voz y pasé a la formación adulta como barítono. La verdad es que no aguanté mucho porque no me llevaba bien con el director de entonces. Le gustaba echarme la bronca delante de los demás a modo de ejemplo. La última vez que fui me acusó de desafinar y le dije, también delante de todo el mundo: “Debes tener un oído ultrasónico. He movido los labios sin emitir sonido alguno, a ver qué decías”. Se indignó mucho, dijo que ahí tenía la puerta y me fui. Es una pena, porque había gente muy agradable en el coro y lo pasé bastante bien en los conciertos. Luego he seguido su trayectoria y han hecho grandes cosas.

También has realizado tareas de coordinación y redacción en revistas como Melómano durante siete años, además según tengo entendido escribes algunos artículos puntuales para la revista Scherzo y has escrito algunos libros de ficción como Oboe y La orgía eterna. Pero creo que los libros con los que más éxito has obtenido debido al enorme seguimiento del programa son las dos entregas de Sinfonía de la mañana (en rojo y azul) que incluyen dos discos en cada uno, con la música seleccionada para acompañar a los relatos elegidos de las dos primeras temporadas del programa. Cuando supiste que RNE y Warner Music pensaban sacar el primer tomo con tus mejores relatos, -que si me permites decirlo, es uno de los mejores momentos del desayuno para muchos oyentes, dado que nos haces conocer curiosidades históricas y anécdotas desconocidas de los genios de la música. Con un estilo narrativo cuidado lleno de matices armónicos depurados, que se hacen amenos tanto al escucharlos como al leerlos- ¿Cómo recibiste ese nuevo reto y cómo realizaste el proceso selectivo de los relatos? Dado que esa es una de las tareas más odiosas que un artista ha de afrontar, cuando debe elegir algunas obras y desechar otras que quizás a muchos les han gustado sin saberlo. Por cierto, muchos de mis lectores  querrán saber, si tendremos una tercera entrega para este año de Sinfonía de la mañana con otra selección de tus relatos acompañados de la música utilizada durante la narración de los mismos.

– De momento no habrá tercera entrega de los relatos. Respecto al primer volumen, hice una selección entre los que más me gustaban a mí y los que tuvieron mejor respuesta del público. Por entonces debía llevar más de trescientos escritos y había que seleccionar treinta y cinco, teniendo en cuenta que debían ser sobre músicos distintos y de todo tipo de estéticas y épocas de la música. El segundo me resultó más sencillo de armar, porque utilicé relatos que había dejado fuera del primero, con gran pena, y sumé algunos de los favoritos de los oyentes en esa época. La selección podría haber sido completamente distinta pero estoy contento de cómo quedó.

 

Eso me lleva a realizarte la siguiente pregunta. ¿Cómo surgió el nacimiento de escribir esos relatos que tanto significan dentro del programa Sinfonía de la mañana y que te supuso el crear la primera historia que escucharían tus oyentes?

– Cuando comenzó Sinfonía de la mañana era un programa contenedor de cuatro horas de duración que presentábamos cuatro personas distintas. Se me confió la primera hora, de ocho a nueve de la mañana, y el director de Radio Clásica, Carlos Sandúa, me pidió que empezase todos los días con una suerte de editorial o reflexión. Eso duró una o dos semanas. La verdad es que nunca me ha gustado escribir editoriales. Suena a algo así como querer dar lecciones a los demás. En uno de ellos hasta aproveché para quejarme de una multa que le habían puesto injustamente a mi mujer. De modo que a la primera de cambio escribí un relatillo imaginario sobre un pastor que toca la flauta en las montañas e ignora que la melodía que reproduce es el “Lascia ch’io pianga” de Haendel. Escribí una página y como lo encontré largo, lo reduje a media. Me gustó la experiencia y al día siguiente escribí uno de un músico romántico que difumina sus penas amorosas en opio. En esto, Manolo Téllez, realizador del programa, me dijo que por qué no hacía estos relatos basándome en anécdotas de la vida de los compositores. “¿Estás loco?” le dije “No sabes la de trabajo que sería eso”. Pero al día siguiente ya estaba escribiendo sobre los monaguillos de Santo Tomás de Leipzig envolviendo sus bocadillos en las partituras de las pasiones hoy perdidas de Bach. Y después vino otro sobre Schubert no atreviéndose a entrar a presentarse a Beethoven, al cuál ve en un café. La cosa se desbordó…Empezó con historias de tres minutos…Al mes había cientos de mensajes preguntando por los relatos. Al trimestre eran ya una legión. Y en la actualidad alcanzan el cuarto de hora de duración. Recientemente hice uno sobre Mozart y su padre con actores de doblaje que alcanzó los veinticuatro minutos. Y gustó mucho.

Con el tiempo el programa quedó reducido a mi hora y media, siempre con el relato como apertura, hasta hoy.

 

Has trabajado en TVE en programas que quizás muchos lectores ni se acuerden como El club de Pizzicato y has presentado Los conciertos de la 2. Aunque tu última aportación para la TVE fue El concierto de año nuevo, debido a que nos había dejado el entrañable y especial presentador José Luis Pérez de Arteaga, que siempre supo transmitirnos su amor y su pasión, por la música clásica de forma inimitable con una voz nacida para no olvidarse. ¿Cómo recibiste la noticia de que retransmitirías tal evento mediático que siguen miles de personas el 1 de Enero, teniendo que sustituir al Maestro Arteaga? Además debo añadir que tuvo una cifra de espectadores muy elevada. ¿Cómo te sentiste al saber, que tu primera presentación fuese todo un éxito de audiencia?

– El éxito de audiencia, obviamente, no fue por mí. Hubo casi tres millones de espectadores. Quizás alguno pudo sintonizarlo por la curiosidad de ver quién sustituía a Pérez de Arteaga. Pero se trata del concierto más famoso del mundo y es una tradición empezar el año con él. Cuando me preguntaron si quería hacerlo constituyó una gran emoción. Algunos oyentes me dijeron que esperaban que lo hiciese yo, pero no quise montarme películas porque estas cosas jamás dependen de uno. Una vez puesto en tesitura asumí que debía recordar en todo momento a José Luis porque dejó mucha huella en muchísimas personas. De hecho, para mucha gente él fue durante treinta años la voz más reconocible de Radio Clásica. Y para mí fue mi referencia absoluta a la hora de aprender este oficio. Su muerte causó una consternación general que rara vez se aprecia en comunicadores de música clásica, sólo equiparable a la de Fernando Argenta.

 

 

Tienes una sección especial dentro del programa No es un día cualquiera que dirige y presenta la gran Pepa Fernández, que se llama El despertador clásico en Radio Nacional. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con una mujer tan profesional y emprendedora? Luego has presentado tus propios programas como Todas las mañanas del mundo en Radio Clásica que terminó su emisión a finales de junio del 2014, siendo sustituido por el actual programa de éxito que sigue aumentando seguidores, como es Sinfonía de la mañana. Que deseo de todo corazón que siga creciendo gracias a esta entrevista y por los lectores que la lean. Además presentas los domingos un programa titulado La zarzuela en Radio Clásica, que se dedica a la zarzuela y la lírica española, que se puede escuchar de 08:30 a 09:30. Espero que la audiencia te permita seguir con ambos programas durante muchos años. Pero hablando de la lírica española, no puedo evitar preguntarte cómo recibiste la triste noticia de la muerte de nuestra enorme cantante Montserrat Caballé y el hecho de que te propusieran presentar por La 2, un homenaje a su persona y obra, con aquel Réquiem por Montserrat Caballé, donde se interpreto el famoso Réquiem de Verdi.

– Por supuesto, la responsabilidad es enorme. Caballé fue un coloso de la lírica y no sé si llegaremos a ver una soprano semejante en España. Que piensen en uno es siempre un honor. La televisión no es como la radio, porque tu discurso debe completar lo que las imágenes ya muestran y todo ha de sintetizarse mucho más. Fue un acto profundamente emotivo, muy seguido por las redes sociales, lo que me causó gran alegría. Parafraseando cierto lema de un club de ese deporte que tanto aborrezco, Caballé fue más que una soprano. Respecto a Pepa, es un programa único. Veinte temporadas en antena recorriendo toda España y colaboradores de excepción como Ortega, Concostrina, Paco Roca, Eslava Galán, Garci…Y los siempre recordados Forges e Íñigo. Ciertamente, ser parte de eso es una gozada. Obviamente, el planteamiento de la sección es muy distinto a lo que hago en Radio Clásica, porque está dirigido a un público generalista. No en vano, ese programa cuenta con un millón de oyentes.

En la 63ª Edición de los Premios Ondas del año 2016, obtuviste el premio al mejor programa de radio hablada, coincidiendo con el 50 aniversario de Radio Clásica. Imagino que recibirías un montón de felicitaciones e incluso algún detalle que te sirviese para recordarlo más si cabe. ¿Cuál fue la primera reacción que tuviste al enterarte de que habías ganado tan magnífico premio?

– Me enteré porque me llamaron por teléfono del programa del Ciudadano García para entrevistarme. Yo estaba cambiándole el pañal a mi hijo, que por entonces tenía tres meses, y pensé que era un cachondeo, así que estuve a punto de soltarles alguna burrada. Pero entonces escuché a una amiga que está en ese programa felicitarme y me dije a mí mismo “pues será verdad”. Y así, completamente alucinado, me entrevistó García por teléfono. Para mí era imposible que me pasase algo así. Y eso que un fiel oyente del programa, Tony Martínez, me lo había pronosticado unos días antes. A veces todavía pienso que fue un sueño. Tengo una anécdota bonita. Al mes de empezar a trabajar en la emisora le concedieron el Ondas al programa “Los conciertos de Radio Clásica”. Yo había hecho justamente uno y le dije, en broma, a la jefa de programas, Concha Gómez Marco: “Mira qué bien, entro a trabajar aquí y nos dan el Ondas”. Ella me dijo muy seria: “eh, alto el carro, chaval, que eso hay que ganárselo”. Pues bien, recordé esta anécdota a García y Concha me escribió al día siguiente diciendo: “¿Ves cómo te lo tenías que ganar?”.

 

Quisiera hacerte una pregunta un tanto personal, que espero que no te moleste. Pero de los miembros de tu familia, quién comienza a sentir tu misma pasión por la música clásica y la zarzuela, o de momento es algo exclusivamente cosa tuya y quizás de tu mujer.

– Mis padres nutrieron mi infancia de músicos de los que hoy no gasto, como Julio Iglesias, José Luis Perales y ese otro cantante cuyas iniciales son J.P., el cual evitan nombrar muchos en el mundo del espectáculo porque le atribuyen cierta leyenda de gafe. Pero también ponían todos los domingos por la mañana una cassette con el Bolero de Ravel y Cuadros de una exposición de Mussorgski, por Karajan. Me encantaba. Respecto a mi mujer, es musicóloga y profesora de piano. También adora la zarzuela y gracias a ella me encantan dos músicos que apenas escuchaba antes: Haendel y Dvorak. Compartimos un gran amor por Satie, Chopin y la música cubana. Y, por cierto, también me ha hecho escuchar mucho Bob Marley, Beach Boys y Simon y Garfunkel. Tenemos dos hijos: una niña de cinco años y un niño de dos. Les gusta mucho la música. Les he metido el gusanillo de Mozart, pero también les gustan Grieg, Tchaikovski, Khachaturian…¡Y romances del siglo XVI!

 

Para terminar con esta entrevista, que espero te haya resultado interesante. Quisiera hacerte una pregunta que tal vez, te sorprenda. ¿Pero qué pregunta te hubiera gustado responder y, que no te he realizado?

– Tus entrevistas son muy completas. Quizás me hubiera gustado decirte que aunque amo la radio, mi sueño es la literatura. Adoraría poder estar entregado en cuerpo y alma a ella. Es verdad que escribo un relato diario, pero a semejante ritmo, la calidad es desigual y tardo tiempo en enterarme de lo que he llegado a hacer. Pero lo cierto es que todavía encuentro que al público le gustan mucho. Me gustaría dedicarme por entero a escribir novelas. De momento he acabado una y estoy con otra, y tengo también un libro de relatos muy personal en proceso. Se escribe de forma muy distinta y sosegada, saboreando cada frase, sin la pistola en la nuca del relato diario. Pero en fin…Tendré que hacerlo cuando me lo permita mi intenso día a día. De momento estoy como Mahler, creando en verano mis obras más personales.

 

Sin más, quiero agradecerte enormemente la atención prestada y el que te hayas tomado la molestia de responder, a todas y cada una de las preguntas. Para concluir quisiera que respondieras a algunas preguntas tipo test, con las que muchos lectores podrán conocerte algo más. Un abrazo fuerte, amigo Martín Llade. Te deseo todo lo mejor del mundo en Radio Clásica de RNE y en los futuros proyectos en los que te veas involucrado. Ojalá un día te elijan Tambor de Oro de San Sebastián, que para el que no lo sepa, es un reconocimiento al que todo Donostiarra de corazón desea llegar.

 

PREGUNTAS TEST

¿Un personaje histórico? Lord Byron.

¿Una época? La Antigua Roma, siglo I.

¿Un pintor? Watteau. La música se escucha en sus pinturas.

¿Un escultor? François Jouffroy.

¿Un escritor? Jorge Luis Borges.

¿Un poeta? Arthur Rimbaud.

¿Un libro? Vida de Alexis Zorbas de Nikos Kazantzakis.

¿Una película? La naranja mecánica.

¿Un director de cine, teatro o televisión? Se sobreentiende que Stanley Kubrick, pero añado Ingmar Bergman. Si es español, Basilio Martín Patino.

¿Un actor? Ralph Fiennes.

¿Una actriz? Teresa Ann Savoy.

¿Un compositor? Giacomo Puccini.

¿Un cantante? Thomas Quasthoff.

¿Un músico? Compay Segundo.

¿Una flor? El lirio.

¿Un animal? El gato siamés.

¿Una estación del año? La primavera.

¿Un lugar donde residir? Madrid.

¿Un lugar que te gustaría visitar antes de morir? La isla de Pascua.

¿Un color? El verde de unos ojos que leerán esto.

 

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