First Man (El primer hombre) (2018)

Una reseña de Rober Ortega

Llega lo nuevo de Damien Chazelle, director de Whiplash y La La Land. Un cambio de registro para un realizador especializado en películas de buena música y musical, por supuesto, que tiene por costumbre sorprendernos con una gran estética visual. Con First Man no sólo no se queda corto, sino que, con un cambio radical de registro, consigue dejarnos bien pegados en nuestras butacas.

Con un reparto de altura encabezado por Ryan Gosling y Claire Foy, secundados por Jason Clarke, Kyle Chandler o Lucas Haas, Chazelle sabe a lo que venía: a sorprendernos. Nos sorprende con su extenso y cualitativo reparto, pero va mucho más allá de unas buenas interpretaciones; nos habla de pérdidas, de valentía, y nos reta a entrar en la historia sufriendo como los protagonistas sufren casi a cada minuto, sufriendo una serie de claustrofóbicas escenas donde nos meten en cabina con Neil Armstrong y compañía.

Personalmente esperaba lo que vi, patriotismo puro y duro, incluso me atrevería a decir que tiene aún más patriotismo de lo que esperaba incluso; era impensable que no fuese así, y más cuando en los últimos años ha habido una serie de “filósofos de la vida” que niegan y reniegan de aquel 21 de julio del 69, día en que este héroe nacional estadounidense pisó la Luna por primera y (por ahora) única vez en la historia, sin menospreciar, lógicamente a Buzz Aldrin, quien le acompañase en suelo lunar.

SINOPSIS
Cuenta la historia de la misión de la NASA que llevó al primer hombre a la luna, centrada en Neil Armstrong (interpretado por Ryan Gosling) y el periodo comprendido entre los años 1961 y 1969. Un relato en primera persona, basado en la novela de James R. Hansen, que explora el sacrificio y el precio que representó, tanto para Armstrong como para Estados Unidos, una de las misiones más peligrosas de la historia.

 

La cinta comienza como bien nos dice la sinopsis oficial, en el año 61, cuando Neil pierde a su hija, enferma de cáncer, siendo él piloto de pruebas en la NACA, para posteriormente realizar una prueba para la agencia espacial, la NASA, dentro del programa Gemini, y siendo aceptado, cambiando sin saberlo el curso de la historia.

El metraje en sí se centra en sus primeros momentos en la NASA, y su subida dentro de la agencia según avanzaban los años, con una narración extraordinaria de la historia, desde el programa Gemini, pasando por los primeros Apolos, pérdidas de compañeros y amigos en diversas pruebas, y hasta el momento en que le confirman que será primer piloto del Apolo XI, se centra en la vida y trabajo de Armstrong. Lo siguiente serán palabras artísticas mayores.

La última media hora es sublime. El tenso ambiente que nos propone Chazelle desde que el Apolo XI realiza su despegue se resume en una galería muy potente de efectos visuales asombrosos. Pero el apoteosis vendría después, cuando Michael Collins, quien fuese el único de los astronautas que no lograse pisar la luna, y Neil Armstrong en compañía de Buzz Aldrin pisasen superficie lunar. Ahí viene el mayor arte de la película. Definiría todo el momento lunar como puro arte visual.

Hay que ver todo ello para sentir mi absoluta fascinación por un trabajo magistralmente llevado a cabo como ha logrado Chazelle con First Man, con su angustias, miedos, tragedias, pero con pura poesía lunar, acompañado de una banda sonora de auténtico lujo que nos propone Justin Hurwitz, el mismo compositor de las dos anteriores películas de Chazelle.

Resumiendo, un lujo ver una película del espacio (Star Wars y Trek aparte) después de tantos años de Apolo XIII y a pesar de tener Gravity más reciente, faltaba una película así, un homenaje en toda regla, y me parece un clásico instantáneo de los biopics americanos, una biografía sobre un héroe que dio “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. Y la frase, claro, era imposible que faltara en la película.

 

RESEÑA

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