Madame Butterfly (1932)

Una reseña de Ricardo Campos Urbaneja.

Estamos ante una película nada apreciada por su actor protagonista, el cual quiso adquirir ya siendo una estrella años después, todas las copias existentes para su total destrucción, dado que no estaba orgulloso de haberla protagonizado, pero por suerte para la historia del cine no lo consiguió, dado que Madame Butterfly (1932) siempre  formará parte de los inicios cinematográficos de Cary Grant y fue un film que le ayudó para seguidamente protagonizar junto a Mae West, Lady you (1933) que tuvo un enorme éxito de taquilla y le sirvió para relanzar una carrera abocada a terminar sin haber empezado. La anécdota que surgió fuera de las cámaras dentro de los estudios de la Paramount, es que Mae  West andaba buscando un nuevo galán “guapo y ardiente” para una nueva película y al ver a Grant vestido de oficial de la marina se quedó impresionada y, le preguntó al productor Cohen “¿Quién es ese chico?” pero sin esperar a la respuesta hizo un comentario inolvidable y que forma parte de su extenso repertorio de frases lapidarias, “No me importa qué papel esté interpretando. Si puede hablar, le contrato”. Las dudas de los productores no son pocas, pero Mae West insiste en que le quiere para el papel protagonista de Lady you y la Paramount accede a sabiendas de que la promiscua actriz está loca por el joven galán que ha caído fácilmente en sus brazos, seducido por su fama y poder, más que por su belleza. Lo que demuestra que nunca se sabe, en dónde nos sonreirá la buena fortuna.

Madame Butterfly la dirigió Marion Gering (Director de origen Ruso, que dirigió entre otras películas Princesa por un mes, Entre la espada y la pared, además que 24 horas (1931) con la que adquirió cierta fama) Aquí nos encontramos a los tenientes B.F.Pinkerton (Cary Grant) y Barton (Charlie Ruggles, que trabajo en Todo vale, La fiera de mi niña, A Stolen Life y Todo en una noche), oficiales americanos que se encuentran en Japón, donde conocen a Cho-Cho San (Sylvia Sidney, hija de una judía rumana y un inmigrante ruso. Que se hizo actriz a los quince años, para su superar su enorme timidez. Donde su última interpretación en la gran pantalla fue, en la exitosa película de Tim Burton Mars Attacks! Haciendo el papel  de una anciana senil cuya música –de Slim Whitman- ayuda a frenar la invasión alienígena de Marte. Aunque sus mayores éxito fueron en los años treinta, de cuyo periodo podemos citar An American Tragedy, City Streets y Street Scene, todas del año 1931; Sabotaje de Alfred Hithcock, y Furia de Fritz Lang, ambas de 1936; You and Me, Sólo se vive una vez y Callejón sin salida, las dos de 1937, pero su única designación al óscar de la Academia le llegó por su papel en Deseos de verano, sueños de invierno (1973), premio que se le otorgó a la actriz de diez años Tatum O´Neal), que está a punto de convertirse en una geisha. A pesar de tener una prometida en los Estados Unidos, Pinkerton se casa con ella debido a que la entretuvo cortejándola y maravillándose de su dulzura, provocando el enfado del que regentaba el lugar que la tenía comprometida a un adinerado cliente japonés. Al ver la situación en la que la ha puesto y sabiendo que el matrimonio no es como el americano, que cuando se marche se la considerará divorciada y se podría casar con otro, decide contraer nupcias con ella para salvarla de la deshonra. Durante los meses que estuvo con ella fueron ambos felices, pero finalmente él tuvo que regresar a los Estados Unidos, y viendo como lloraba la tuvo que prometer que volvería sin saber que ella, estaba locamente enamorada de él y de todas las historias que le había contado de su cultura y concepto del matrimonio. Durante los años que pasaron sus abuelos la insistieron para que se casase y de ese modo protegiera su honra y la de su hijo, pero ella se negaba dado que se sentía casada con el Teniente Pinkerton y que volvería al hogar con la llegada de los petirrojos. El tiempo siguió pasando y finalmente el Teniente Pinkerton se vio obligado a regresar porque el embajador al recibir la visita de Cho-Cho San y ver su tristeza y melancolía, le tuvo que solicitar que regresará dado que tenía que hablar con él. Momento que aprovecharía para informarle de la situación. Pero él ya se había casado con su amiga de infancia, pero al conocer la noticia considero que debía visitarla para que supiera toda la verdad y de ese modo decirla que era libre. Pero lo único que nunca llegó a conocer porque Cho-Cho San, no se lo quiso decir, es que tuvieron un hijo durante el tiempo que estuvieron juntos. Sobre el desenlace les dejaré que lo descubran ustedes mismos, viendo la película en cuánto tengan ocasión.

Sobre la película podemos decir que tiene una facturación técnica y artística  correcta, en la que todos los actores y especialmente Sylvia Sidney que encaja físicamente en el personaje, nos brinda una interpretación llena de gracia y delicadeza, donde va perfecta dentro de los paisajes y el decorado japonés, haciendo que todo cobre consistencia y estilo. La interpretación de Cary Grant no es de las mejores que hizo en sus inicios, siendo algo negativa, como lo fue para el devenir de Cho-Cho San. Los decorados están bien diseñados y las localizaciones son  exóticas,  además podemos escuchar la famosa música de Puccini que es fascinante.  Aunque el argumento va sobre la ópera de dicho compositor italiano, el film no es una ilustración de ella, dado que la historia en su momento demostró no ser la más adecuada para el nuevo medio cinematográfico, a pesar de que la tragedia pueda ser creíble expresada con música y poesía, pero según he leído por un crítico japonés llamado Yasushi Ogino, el film fue un fracaso de taquilla en su país y el personaje femenino, recibió más desprecio que simpatía por el sector femenino de allí, al ver que no le echaba en cara los engaños y la falta de sinceridad al Teniente Pinkerton.

Quitando el lado negativo que pudiera tener la película dentro la filmografía de Cary Grant y que se aprecia una falta total de esfuerzo, por conciliar culturalmente ambos mundos. La película tiene los alicientes de unos buenos decorados, una excelente música de fondo y la maravillosa interpretación de Sylvia Sidney. Creo que esos son suficientes argumentos para dedicarle la cerca de hora y media que dura, y que después cada uno saque sus propias conclusiones.

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