Margarita Gautier (1936)

Por Ricardo Campos Urbaneja.

Les quisiera hablar de otro clásico de la literatura, escrito por Alejandro Dumas (Hijo) que ha sido llevado al cine en diversas ocasiones, pero que la adaptación más recordada para muchos, quizás sea la que se realizó en 1936, de la mano de George Cukor (Del que ya escribí en mi reseña de Luz que agoniza). En esta ocasión contó con la actriz más perfecta del momento para interpretar al personaje femenino principal, la divina Garbo, y junta a ella reunió al enorme actor que fue Lionel Barrymore (Actor del que he hablado en otras críticas pasadas) y completando el trío protagonista encontramos a un actor que estaba comenzando a labrarse un camino en el séptimo arte, que llegó a ser apodado <<el hombre del perfil perfecto>> les estoy hablando de Robert Taylor (Actor estadounidense, que tan sólo tenía 25 años cuando rodó Camille -título original de Margarita Gautier- que llevaba pocas películas a sus espaldas. Dentro de su filmografía podemos destacar especialmente las que hizo de aventuras medievales o de romanos, como Quo Vadis?, Ivanhoe, Los caballeros de la mesa redonda, Las aventuras de Quentin Durward, El valle de los Reyes, y anteriormente La contraseña, Tres camaradas, Un yanqui en Oxford, La puerta del diablo, etc… Aunque algo que quizás no guste a sus fans, es que fue citado a declarar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses sobre presuntas actividades de infiltración comunista en la industria cinematográfica. Llegándose a rumorear que denunció a compañeros de la industria, por ser comunistas en la famosa caza de brujas de la época. A pesar de ello, nos dejó películas inolvidables de aventuras, que siempre estarán en nuestra memoria).

En Margarita Gautier (1936) o La dama de las camelias, nos encontramos a una joven y bella cortesana parisina que procede de la clase más humilde de la sociedad, pero que ha conseguido labrarse un camino, en un Paris de 1837, donde toda la sociedad exhala champagne durante las noches de fiesta, pero que a las mañanas amanece bajo un manto gris y ensombrecido. Después de que en las guaridas de un juego, las veladas nocturnas, son lujosas, los hombres mezquinos y las mujeres se convierten bajo la influencia de la voluntad masculina en cortesanas que se regocijan en el placer de la diversión. Pero dentro de toda esa sociedad excelentemente puesta en tela de juicio con maestría por Alejandro Dumas (Hijo) en su novela, es de manera formidable plasmada en pantalla por la maestría de un director de los que ya no existen, que supo llevarla a la gran pantalla con solvencia y genialidad. Donde vemos a un jovencísimo Armand Duval (Robert Taylor) que es confundido por Margarita Gautier (Greta Garbo) por el Barón de Varville (Henry Daniell, actor británico que trabajo en La pícara puritana, El gran dictador, Historias de Filadelfia, Sinuhé el egipcio, Testigo de cargo, My fair lady, etc…) entre la pareja termina surgiendo un amor inconmensurable y maravilloso, pero imposible a la vez, dado que ella que adolece de tuberculosis, no deja hacerla caer enferma, lo que preocupa demasiado al joven Armand, pero eso no es impedimento para que se amen, aunque ella para mantener su calidad de vida y poder cubrir sus innumerables deudas sociales, deba estar con el Barón al que no ama y detesta por como es con ella. Finalmente le abandona para irse al campo con su verdadero amor, donde el ambiente de campo y aire puro, consiguen sanar el mal que la aqueja desde hace tiempo. Pero cuando él decide pedirle a su padre toda su herencia para permitirse vivir con su amada en mejores condiciones en Paris, su padre Monsieur Duval (Lionel Barrymore) se ve obligado a visitarla a la casa de campo cuando su hijo no esta, para hablar con ella y persuadirla de que siga con su hijo, arruinándole su carrera y su futuro. Al principio piensa que ella esta con su hijo por su dinero, pero finalmente se da cuenta de que de verdad le ama como nunca una mujer podría amar a un hombre, por lo que la ruega si de verdad ama a su hijo, que le deje marchar para que consiga cumplir con las expectativas de futuro que le aguardan.

Ella finalmente accede a hacer lo único que podría alejarle del todo, regresar con el Barón y hacer que la odie. Lo termina consiguiendo, pero se vuelven a encontrar y él, debido a que se encuentra herido se muestra frío y distante, pero a solas con ella le sigue mostrando su devoción incondicional y ella le tiene que volver a repeler, mintiendo sobre sus sentimientos y declarando que ama al Barón, lo que produce una reacción interpretativa de Robert Taylor, que es notable al arrojarla el dinero que le acababa de ganar al Barón, jugando a las cartas. Derribándose en un duelo a pistola con el Barón, en el que sale ileso, pero el Barón herido, lo que le obliga a salir del país, tardando largo tiempo en volver. Cuando llevaba una semana en París se presenta en la Ópera encontrándose con su amigo Gastón y unas amigas de Margarita. Se entera de que esta gravemente enferma, pero no le da importancia, aferrándose a que ya no la ama y a que no quiere saber nada de ella, pero durante la noche la paso caminando bajo la ventana de ella, intentando buscar el valor suficiente para entrar, mientras su amigo Gastón se encontraba con ella, sin él saberlo. En ese momento Margarita sólo desea volver a ver a su amado, pero al descubrir por una amiga que lleva una semana en la ciudad sin mostrar interés por ella, se ve hundida en su enfermedad, por lo que pide la visita de un curo, para la extremaunción. Justo en esa mañana aparece Armand, y consigue verla antes de que expire. Ella se llena de nueva vitalidad y alegría por vivir, pero su enfermedad le deja vivir lo suficiente para tener una emocionante conversación y perecer en los brazos de su amado. Que sigue sin creerse que haya muerto, mientras la nombra continuamente aferrándola entre sus manos.

Podemos decir sin riesgo a equivocarnos, que Margarita Gautier (1936) es una obra maestra más, dentro de la corta filmografía de una magistral Greta Garbo, que por esta excelente interpretación ganó el Premio del Círculo de críticos de cine de Nueva York y que estuvo designada al Óscar como mejor actriz principal. Además podemos elogiar su capacidad profesional, para conseguir extraer de un jovencísimo Robert Taylor, la notable interpretación que obsequio a todos los cinéfilos, como el joven y enamorado Armand Duval. Sin olvidarnos de la correctas interpretaciones aunque más breves, de Lionel Barrymore, Elisabeth Allan, Jessie Ralph o Henry Daniell. De los formidables decorados y vestuarios, que estuvieron a cargo de Henry Grace, Jack D. Moore y Adrián. Dentro de un film que expande la magia absoluta y blanca, de un cine inmortal y memorable, en el que George Cukor tuvo mucho que ver sus todas las obras maestras que nos obsequio, sabiendo extraer de las actrices que pasaron por sus manos, las más grandiosas interpretaciones.

Una obra maestra recomendable desde el primer segundo hasta el último, donde veremos la escena romántica por antonomasia, para miles de amantes del buen cine. Donde la muerte nos deja el sabor agridulce de esos amores soñados, pero inalcanzables, dadas las circunstancias que los rodean. Magistral cierre interpretativo, de dos grandes del cine, la divina Garbo y Robert Taylor. No se la pierdan si pueden.

 

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