No dejes rastro (2018)

Por Rober Ortega

Debra Granik, directora de Winter’s Bone, nos trae una película basada en una novela de Peter Rock sobre un padre y su hija adolescente que habitan en un parque nacional alejados prácticamente de la civilización.

Esperaba una gran película, la verdad, entretenida, con una buena historia, algo de thriller visto con anterioridad el trabajo de Granik, pero me he llevado un chasco enorme, ya que es un drama con poca emoción donde lo más interesante está en el intento de una trabajadora social en darles un hogar y una vida normal al padre, interpretado por Ben Foster, y su hija, toda una revelación Thomasin McKenzie, a quien pronto veremos en Top Gun: Maverick.

Sin duda lo más maravilloso que nos puede dar la cinta son estas dos interpretaciones, pero también una dirección muy delicada, aunque me parece inevitable mencionar dos películas, las cuales, juntas, dan como resultado No dejes rastro, pero esta bastante más indie: hablo de Into the wild y Captain Fantastic, las cuales van prácticamente del mismo palo que la película de la cual os hablo, y en ese sentido se me ha parecido como tener la perspectiva un tanto repetida.

Se puede recomendar a todo amante del cine independiente USA centrado en la vida rural americana, y, por supuesto, a quienes haya gustado muy mucho las dos películas mencionadas. En sí se me ha hecho un tanto larga a pesar de su escasa hora y media de metraje; tiene el interés más bien limitado y se resume todo en que sólo nos limitemos a disfrutar del paisaje, de la historia y de sus protagonistas, dado que sufre el síndrome de la previsibilidad a pesar de ese estilo que la puede hacer diferente y que deja en cada fotograma el sello de Debra Granik.

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