Tú y yo (1957)

Una reseña de Ricardo Campos Urbaneja.

Si tuviéramos que nombrar alguna película clásica, que plasme el romanticismo con un final entre melodramático y sentimental, a muchos seguramente les vendría el film titulado Tú y yo (1957), dirigida por Leo McCarey {Director de una primera versión de Tú y yo [A Love Afair, 1939] protagonizada en aquella ocasión por Charles Boyer (María Walewska, Fanny, Luz que agoniza, ¿Arde París?) e Irene Dunne (Designada en cinco ocasiones a los Óscars, que se hizo muy conocida haciendo películas cómicas durante la década de los treinta, como en La usurpadora, The Awful Truth, Love Affair, Mi mujer favorita, La pícara puritana), y fue ganador de dos Óscar por las películas The Awful Truth y Going My Way, entre otras memorables que dirigió como Sopa de ganso, Mi mujer favorita, Hubo una luna miel, Las campanas de Santa María}.

En esta nueva versión cuenta con Cary Grant y Deborah Kerr (Ganadora del Óscar honorífico en atención a su extensa carrera cinematográfica, y siendo nada menos que seis veces  designada a los Óscar por De aquí a la eternidad, My son, El Rey y yo, Sólo Dios lo sabe, Mesas separadas y Tres vidas errantes), forman un pareja entrañable, a la vista del nivel alcanzado por sus predecesores en 1939. Grant desgraciadamente, aunque no encajase totalmente con este personaje de Nickie Ferrante, al contrario de lo que ocurría con Charles Boyer, ya que no es del tipo latino. Pero esto sólo será un leve problema para el que se acuerde de la primera versión. Lo que si veremos es lo mejor de ambos en sus respectivas interpretaciones.

Nos encontramos con Nickie Ferrante, un famoso play-boy, que viaja a bordo de un transatlántico en dirección a Nueva York desde Nápoles. Tiene intención de casarse con Lois Clarke (Neva Patterson) una rica heredera que le está esperando en la ciudad. A bordo del barco conoce a Terry McKay, cuyo prometido Kenneth Bradley (Richard Denning), también la está aguardando en la ciudad de los rascacielos. Ambos disfrutan de su mutua compañía entre la expectación y el seguimiento de los demás pasajeros, pero cuando llegan a su destino cada cual sigue su camino por separado, no sin antes quedar transcurrido seis en lo más alto del Empire State. Todo ello acompañado por una canción y la música de una composición que designada a los Óscar “An Affair To Remember”, interpretada por Vic Damone, y que es el título original en inglés de la película.  Nickie Ferrante decide aplazar su boda con Lois hasta pasado esos seis meses y Terry decide dejarlo con Kenneth al verse enamorada de Nickie. Durante ese tiempo él, intenta convertirse en un famoso pintor, y ella regresa a los escenarios como cantante, pero justo el día del añorado y ansiado encuentro ella sufre un grave accidente y acaba paralítica, por lo que no puede asistir a su encuentro. Pero decide no decirle nada a Nickie, hasta que él consigue encontrarla transcurrido un tiempo sabiendo que el cuadro que la pintó, le fue regalado a una mujer sin dinero y que iba en silla de ruedas. Lo que provocara una situación inolvidable y lagrimosa,  una de esas escenas míticas del cine clásico por excelencia. Seguramente la recordarán emotivamente muchas parejas que ya pasen de los cuarenta años.

Sobre Leo McCarey podemos decir que tuvo un buen sentido de no pretender en ningún momento esta comedia romántica fuese algo más que eso, sabiendo que tenía a Cary y Deborah en los papeles principales, con respecto a la versión anterior más seria con Charles Boyer e Irene Dunne. Era difícil que momentos entrañables y ciertamente divertidos no saliesen a la luz, si estaban dos actores que ya se conocían de la comedía La mujer soñada, por lo que dejo que el encanto de la pareja saliese en todo su esplendor, dado que Cary Grant no podía ocultar del todo, su extraordinario sentido del humor, a pesar de sus esfuerzos por desembarazarse de él. Por ello esta segunda versión quedó un pelín divertida, incluso en las más emotivas escenas de amor. Debemos saber que el productor Jerry Wald, observó que una de las razones por las entonces se hiciesen pocas historias de amor, era porque no había pocos actores que pudieran interpretarlas convincentemente. Afirmó lo siguiente: <<Los actores de hoy en día o son guapos pero hablan mal; o hablan bien pero no tienen un buen físico>>. Bien, pues Cary Grant, un temprano del <<encanto>> cinematográfico, todavía es muy apuesto y todavía habla bien, y su elegante interpretación de un play-boy es una  de las mejores razones para ver esta película.

Les contaré una anécdota de los problemas que tuvieron que afrontar durante el rodaje. Resulta que Cary Grant tenía un bulto en la frente desde que sufriera un accidente en su infancia y que dificultaba el trabajo de Milton R. Krasna, responsable de la fotografía del largometraje. La única salida que le quedó al actor fue pasar por el quirófano, recuperándose pronto de la operación. Para no retrasar el rodaje, Grant sugirió que el resto de los actores rodasen las escenas en las que no aparecía y su corto periodo de convalecencia le permitió incorporarse al rodaje sin causar retraso en el mismo.

Para concluir les diré que esta película logró recaudar nada menos que cerca de cuatro millones de dólares en taquilla, situándola en el puesto diecisiete de los largometrajes más taquilleros de todo el año 1957. Un motivo para verla y pasar un rato romántico en pareja, si no tienen nada mejor que ver en la tele. El amor les alcanzará aunque no estén enamorados, si dejan que su canción “An Affair To Remember” les acompaña en dicha velada cinematográfica.

 

 

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